Agresividad y violencia en la escuela

Autor: Roxana Espejo

31 de octubre del 2012

Es posible que usted recuerde algún episodio de su niñez en el que la agresividad fue parte de sus experiencias y probablemente actuó frente a ella del mismo modo, haciendo uso de diversos recursos violentos,  o que, simplemente se quedara callado(a), sin herramientas para responder a esa situación.

La agresividad sería para ciertos individuos, especialmente los niños, un medio de comunicación, por más imperfecto que sea, por más primitivo que parezca. Pero este enfoque de la agresión no debe hacernos perder de vista su naturaleza negativa y antisocial, ya que mientras exista, también estarán los agredidos y violentados.

La escuela de hoy no es tan diferente a la que lo formó a usted, es cierto que contamos con más tecnología, con más información, con códigos de protección de los niños y adolescentes más claros, pero la esencia del ser humano, la convivencia, el juego de roles, sus necesidades y dificultades no distan mucho de cuando usted pasaba sus días entre juegos y tareas. Es cierto que la escuela puede ser un segundo hogar, puede ser un espacio de seguridad y confort, un lugar en el que se aprende de los libros, de las experiencias, del día a día, pero también puede convertirse en un lugar que genere repulsión, temor o simplemente un espacio en el que los niños “más fuertes” descarguen su ira contenida.

Los niños, desde su mundo interno, desde la familia que le tocó tener, que por cierto no eligieron, intentan adaptarse a la sociedad; en ese sentido la infancia y adolescencia se convierten en un largo período de preparación para la convivencia. Son muy importantes aquí los modelos, los orientadores, es decir padres, docentes, que jueguen apropiadamente sus roles.

Recuerdo que de niña una compañera me golpeó, hoy no sé con certeza por qué pasó, pero, recuerdo que mi maestro de entonces me pidió hacer lo mismo con ella, me pidió golpearla, ¿cuál era la lógica de esto?, ¿qué ella sintiera lo que yo sentí?... ¿acaso la violencia se responde con violencia?, soy sincera al decir que no logré hacerlo, y que me sentí muy bien al poder decir “NO”, pese a la presión de todo el grupo.

A todo esto me refiero cuando hablo del rol de los padres y los docentes. Somos nosotros responsables de cuánto les decimos, ellos solucionan sus conflictos del mismo modo que lo hacemos nosotros.Si nosotros gritamos, ellos lo harán; si nosotros dialogamos, también ellos preferirán ese camino.

No es tarea sencilla, en la escuela convergen diferentes mundos, diferente historias personales. Padres primerizos que planificaron la concepción de su hijo o hija, también los que asumieron la paternidad o maternidad aunque no la planificaran, madres solteras, padres solteros, en fin, cada uno con una historia; sin embargo, lo claro en medio de todo esto es que los niños están, que existen, que sienten y piensan del mismo modo que lo hacemos nosotros y que necesitan de nuestra buena y sensata orientación.

 

Por Roxana Espejo.

 

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