Confiep: gritando que viene el lobo

Autor: Diario Gestión

17 de enero del 2014

Mirko Lauer

La situación es paradójica. De un lado cuatro ministros peruanos asistirán al Foro Económico Mundial en Davos a fin de mes, clara señal de un Perú activo en la comunidad de los negocios. De otro, Confiep, el principal gremio empresarial peruano, prácticamente pinta al actual gobierno peruano como un enemigo de la inversión y el empresariado.

No es la única paradoja público-privada de estos tiempos. De un lado Alfonso García Miró, presidente de Confiep, amenaza con un retraimiento de la inversión si no se hace todo lo que su gremio dice. De otro, las cifras de riesgo de inversión en el Perú son cada vez más optimistas. Con 1,61, el Perú aparece como el país más seguro, calculado por un banco privado.

Mientras la política económica del gobierno es casi unánimemente vista como ortodoxa, convencional y conservadora (las críticas suelen ser a la eficiencia, no a la ideología), de pronto el tono de Confiep sugiere que estamos más o menos en 1987, los tiempos del populismo radical y el intento de estatizar el sector financiero.

Sin embargo, hace cuatro meses en la CADE los empresarios entrevistados por Ipsos no parecían movilizados en el mismo sentido. Es cierto que la aprobación a Ollanta Humala cayó fuerte, a 48%, pero la de Miguel Castilla subió, a un notable 95%. Hubo quejas, pero más genéricas que sectoriales. ¿Qué ha sucedido en este tiempo?

Lo más visible es que simplemente el presidente de Confiep se ha radicalizado al calor de alguna disputa empresarial, y matriculado en uno de los bandos al gremio que se le ha confiado. En su entusiasmo ha subido el tono hasta dar la impresión de que los empresarios del Perú están intensamente descontentos con la marcha de las cosas en el país.

Quizás el presidente García Miró calcula que con los partidos políticos del Congreso dedicados a discutir sobre todo sus propio asuntos gremiales, no está mal que Confiep asuma el estilo de un partido político. Es cierto que muchos gremios laborales hacen parecida sustitución. Pero el peso del capital en el país es peligrosamente mayor.

En estas circunstancias gritar que viene el lobo no solo puede terminar haciendo que aparezca el feroz mamífero, una posibilidad bastante remota pero nunca descartable. Esos gritos también debilitan a un Estado con notorias limitaciones frente a las tareas de estos tiempos. De paso da la impresión de que Confiep no está muy segura de su propio peso.

Quizás la directiva piensa que atarantar al Estado con el cuco de la desinversión funciona. Pero con las cifras de inversión que circulan eso suena improbable. Más bien ese estilo probablemente está entorpeciendo mucha negociaciones. En todo caso no vemos empresarios aplaudiendo a García Miró al pie de su estrado virtual.

 

La República 17.01.14

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