¿Conflicto a la vista?

Autor: Walter Alejandro

30 de octubre del 2012

 

Ahora que la palabra inclusión está de moda puede decirse que el proyecto nacional del Gasoducto Surandino (GS) era uno de los más inclusivos, pues comprendía 16 ciudades de unas siete regiones. Sin embargo, finalmente el Ejecutivo desistió y en su lugar presentó otro proyecto, precisamente en julio pasado, cuando la mayoría esperaba que ratificara la puesta en ejecución del GS.

No se olvida, sobre todo en el sur, que durante la campaña y al inicio de su gestión el presidente Humala prometió el Gasoducto que viene a ser “una de las obras más importantes que debe realizar el Perú de hoy. En perspectiva, es incluso una de las más importantes en la historia de la república”, a decir de Alfredo Barrenechea[1] y otros entendidos en este importante tema.

Entre las acusaciones al Ejecutivo de intentar “descuartizar y bloquear el proyecto industrialista del sur” y de pretender favorecer el monopolio de Camisea, ya hay algunos impacientes que hablan de un paro macroregional del sur. Por lo pronto, lo que se ve es un creciente activismo de las organizaciones sociales y de los gobiernos regionales de la zona. Esto se está manifestando en distintos certámenes y foros que tienen como tema central los potenciales beneficios y las posibles pérdidas que ocasionaría la no concreción del esperado gasoducto.

Como puede verse, todavía no suenan los tambores de guerra y el Ejecutivo no debería (como generalmente acostumbra) esperar que ello ocurra para empezar a actuar. Es en esta coyuntura donde debe explicar, aclarar y persuadir el por qué de su decisión. No es seguro que la desencantada población del sur se deje convencer, pero por lo menos, así se habría tendido puentes para el diálogo.

No puede dejar de considerarse el riesgo que implica dejar hacer, dejar pasar. Pues el hecho de que el tema (amenaza)  parezca un tanto gaseoso, no quiere decir que no puedan apropiarse los sectores radicales que andan buscando cualquier ocasión y motivo para tomar parques y carreteras, con el fin de seguir manteniendo su vigencia política y ensanchar sus bases.

En resumen, se trata de empezar desde ahora. Y los llamados a intervenir, en primer término, son los facilitadores de la Oficina Nacional de Diálogo y Sostenibilidad que con el respaldo del Ejecutivo podrían encontrar alguna salida que no sea la de contar muertos y heridos.



[1] En Caretas N° 2216, puede leerse un ilustrativo artículo de Barrenechea respecto a este tema, mientras que en el portal WWW.otramirada.pe un suplemento cuidadosamente documentado.

 

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