El oro y la frontera norte

Autor: Regiones

3 de febrero del 2015

Mirko Lauer

La nueva denuncia sobre mineros ilegales ecuatorianos que cruzan la frontera y se llevan el oro peruano de la Cordillera del Cóndor tiene algo de insólito. Pues eso viene sucediendo por lo menos desde la postguerra del Cenepa, mediados de los 90, con protestas similares a lo largo de los años, y desinterés por parte del gobierno peruano.

También hay mineros ilegales peruanos de este lado de la frontera. Pero las dificultades para llegar a las zonas auríferas desde el lado peruano mantienen a esta actividad marginal. En cambio el acceso desde el Ecuador es fácil por las condiciones del terreno. La frontera misma en muchas partes es una línea más que imaginaria.

Pero los pequeños mineros ilegales no son en sí mismos la cuestión. Del lado ecuatoriano de la Cordillera del Cóndor, relativamente cerca de la frontera con Perú, se vienen desarrollando importantes proyectos de empresas canadienses, chinas y ecuatorianas. En cambio del lado peruano proyectos parecidos han fracasado.

La minería formal del lado ecuatoriano viene enfrentando protestas por parte de las etnias Shuar y de las organizaciones ambientales que las respaldan, en lo que se ha convertido en una negociación dura. El gobierno ecuatoriano busca fórmulas para contentar a las partes, y ha logrado algunos avances en establecer algo parecido a un distrito minero.

Del lado peruano la minería formal ha sido descartada de plano por el establecimiento de un Parque Nacional de la Cordillera del Cóndor. Los intentos de compatibilizar esta zona protegida con la extracción aurífera (proyectos costosos en zonas remotas) han ido fracasando uno tras otro. El terreno ha quedado en manos de una minería informal binacional.

Vistas así las cosas, pareciera que el argumento contra los mineros informales ecuatorianos es sobre todo ambientalista, y se aplica también a los mineros informales peruanos. Reforzar la frontera significaría también empezar a reprimir la minería informal de este lado de la frontera. Ninguna de las dos tareas parece fácil en este momento.

Pero lo último que necesitan Ecuador y Perú es un motivo de irritación en la frontera, no importa cuán leve este pueda parecer. Al mismo tiempo la tolerancia a los mineros informales del oro en la frontera norte contrasta con la severidad que se asume frente a los de Madre de Dios, por ejemplo. Son magnitudes distintas, pero eso puede cambiar con el tiempo.

Parecía que al promover una zona reservada y bloquear a la minería legal, las etnias y sus aliados ambientalistas estaban evitando los males de la extracción y expresando la voluntad popular de esos territorios. Con el paso del tiempo la cosa ya no está tan clara, y hasta podría ponerse peligrosa.

 

Fuente: Diario La República (03.02.15).

Relacionados