Urgente reforma política

Autor: Pedro Morales Mansilla

4 de julio del 2013

De acuerdo a su Agenda y  Dictámenes  elevados a la fecha (22/06/2013) por  las Comisiones Dictaminadoras,  es casi imposible  que  el  Pleno del  Congreso, pese a la ampliación de la Segunda Legislatura Ordinaria 2012-2013,  inicie, cuando menos, el debate  de la reforma de nuestro sistema político. Su importancia y urgencia ameritan una Legislatura Extraordinaria que permita -considerando la lejanía de fechas de  los procesos electorales- un debate sereno,  integral y coherente, sobre el ideal de sus componentes (Sistemas de gobierno,  partidos y electoral) a fin de entregarle al país un nuevo marco legal con lineamientos  claros  para la construcción  de una democracia de calidad, garante de la gobernabilidad  en las tres instancias de gobierno.

Preocupa que en este tema se  soslaye el criterio de la oportunidad, precisamente cuando se viene develando una lamentable sucesión  de acontecimientos que comprometen la honestidad de la casi totalidad de las colectividades consideradas en el Registro de Organizaciones Políticas y a sus líderes más connotados -ex presidentes y aspirantes a presidente-; cuando desde el Legislativo recibimos mensajes desalentadores ante  falta de equidad  para  investigar  los casos de interés público y  cuando el Ejecutivo nos muestra  una clamorosa   falta de cuadros que se refleja en los continuos  traspiés que lo desacreditan. Cuanto antes, una reforma, sin duda, coadyuvará a mejorar la calidad de nuestro sistema político.  

La reforma debe tener en cuenta la necesidad e importancia de fortalecer el sistema de partidos políticos, que  aún con debilidades y desprestigiado, existe. Es hora de pasar de la teoría a dictar normas que garanticen la práctica de la   democracia interna con participación de los organismos electorales, el financiamiento público y privado regulado y el acceso a los medios de comunicación.  Como quiera que  no hay seguridad de una  oportuna reforma en estos campos, es coherente la decisión de mantener la vigencia de voto preferencial, como contrapeso a las debilidades autoritarias y componendas –que también existen- de las dirigencias. La ciudadanía no sentirá que le imponen listas  sino que se les reconoce su derecho a elegir, aún del “menú” que le presentan.

En este contexto, es oportuno reclamar la legislación que  ampare las más  drásticas sanciones   al “fenómeno” del transfuguismo, más escandaloso cuando  se efectiviza en ejercicio de la función  confiada a través del partido que los acogió, pero que tiene sus orígenes  en las deslealtades que se consuman con los “jales” de vísperas electorales. Es práctica del mercantilismo político que debe erradicarse, regulando –por ejemplo- la postulación a cargo de elección popular de los “renunciantes” a sus colectividades, para después de transcurridos por lo menos un proceso de elecciones generales y otro de elecciones regionales y municipales. En tal sentido, amparar la inclusión de hasta 25% de invitados  en las listas partidarias, es más nocivo que el voto preferencial, no tiene sentido en un esquema de fortalecimiento de partidos.

 

La democracia de calidad que todos deseamos forjar para nuestro país, necesita de una reforma  integral del sistema político, que  no solo,  no está funcionando, sino que está  prestándose  a envilecer la representación política en los diferentes espacios  en que le toca actuar. Ojalá que así lo entiendan en el Congreso y  decidan privilegiar  el debate de la reforma esperada.

Relacionados